Antes de la asunción de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos, publicamos una columna de opinión en FinGuru adelantando los cambios que se venían en materia impositiva.

Dichos cambios consistían básicamente en lo siguiente:

  1. Reducción del número de alícuotas diferentes de siete a tres (esta modificación fue rechazada por el Congreso).
  2. Reducción de la tasa máxima de impuesto a las ganancias que pagan los individuos de 39,6% a 33% (la tasa se redujo, pero de 39,6% a 37%).
  3. Reducción del impuesto a las ganancias que pagan las corporaciones de 35% al 15%, una de las tasas más bajas y competitivas a nivel mundial (la tasa se redujo considerablemente, pero quedó en 21%).
  4. Eliminación del impuesto sobre sucesiones y donaciones (no se lo eliminó, pero se duplicó el mínimo no imponible, llevándolo a USD 22.000.000).
  5. Establecimiento un impuesto especial a la repatriación de dividendos acumulados por empresas norteamericanas en el extranjero (esta propuesta de instrumento exactamente en la forma propuesta).

Si bien, como se vio, algunas de estas modificaciones quedaron en el camino o sufrieron cambios durante las arduas negociaciones que siguieron a la presentación del proyecto de ley en el Congreso, la mayor parte de ellas fueron incluidas en la llamada “Tax Cuts and Jobs Act” (la “Reforma Tributaria”) aprobada el 20 de diciembre de 2017 y vigente desde el primer día de 2018.

El objetivo de esta columna no es evaluar los efectos de la Reforma Tributaria sobre ciudadanos o residentes americanos (efectos que ya se están viendo y son sumamente positivos) ni sobre la competencia fiscal a la cual tantas veces nos hemos referido y en favor de la cual hemos siempre abogado, sino analizar cómo afectan las modificaciones introducidas a “extranjeros no residentes”; es decir, a aquellas personas que no son norteamericanas ni residen en Estados Unidos pero que pudieran tener algún interés económico en dicho país.

Pero vayamos por partes.

A la hora de analizar si la Reforma Tributaria ha afectado, o no, a los “extranjeros no residentes”, primero hay que determinar qué se entiende exactamente por “extranjero no residente” y qué impuestos deben pagar quienes califiquen como tales.

Extranjeros no residentes

La distinción entre “extranjeros no residentes” y “extranjeros residentes” a los fines fiscales es crucial porque el principio general es que los “extranjeros no residentes” no están sujetos al pago de impuestos en los Estados Unidos.

Un extranjero “no residente” es una persona que no posee la ciudadanía americana y que tampoco califica como “residente fiscal” estadounidense.

Existen dos maneras en las cuales un extranjero puede calificar como residente fiscal norteamericano y estar, por ende, sujeto a todos los impuestos que existen en Estados Unidos.

En primer lugar, Estados Unidos considera a un extranjero como residente fiscal norteamericano si posee una “green card”, o tarjeta de residencia. En caso de poseerla, no importa la cantidad de días que esa persona pasa en el país, siempre deberá pagar impuestos como residente.

En segundo lugar, una persona extranjera será considerada residente fiscal americano si cumple con el famoso test o requisito de “presencia sustancial”.

A los fines de cumplir con este test, la persona de que se trate tendrá que haber estado físicamente presente en los Estados Unidos por lo menos:

  • 31 días durante el año en curso, y
  • 183 días durante un período de 3 años, que incluye el año en curso y los 2 años inmediatamente anteriores.

A su vez, para satisfacer el requisito de los 183 días, cuenta:

  • todos los días en los que estuvo presente en el año en curso;
  • un tercio de los días en los que estuvo presente en el primer año antes del año en curso; y
  • un sexto de los días que estuvo presente en el segundo año antes del año en curso.

A la hora de hacer la cuenta, existen algunas exclusiones, como ser:

  • los días que esté presente en los Estados Unidos haciendo una parada o escala durante menos de 24 horas al viajar entre dos lugares fuera de los Estados Unidos; o
  • los días en que tuvo la intención de salir de los Estados Unidos, pero no pudo debido a una condición médica o un problema que haya surgido de imprevisto durante su estancia en los Estados Unidos.

Quien esté en la duda acerca de los días que paso en suelo americano, puede chequear esa información aquí. 

Resumiendo si una persona cumple con alguna de las dos condiciones mencionadas más arriba (posee una “green card” o tiene presencia substancial en Estados Unidos), dicha persona calificará como residente fiscal estadounidense y deberá pagar impuestos en Estados Unidos como cualquier ciudadano norteamericano. 

Caso contrario, dicha persona será un “extranjero no residente” y no deberá pagar impuestos en Estados Unidos, a menos que aplique alguna excepción.

Excepciones

Existen, sin embargo, importantes excepciones al principio general mencionado en la sección anterior.

Se trata básicamente de las siguientes:

  1. impuesto a las ganancias derivadas de la venta de un inmueble sito en los Estados Unidos o de ciertos activos financieros emitidos en dicho país;
  2. impuesto a las rentas provenientes de actividades comerciales realizadas en los Estados Unidos; e
  3. impuesto a las sucesiones (aquí, quien paga el impuesto es el “estate” del no residente con activos en Estados Unidos).

De todos estos impuestos, el más relevante por lejos y el que más comúnmente despierta en los clientes la necesidad de “estructurar” su patrimonio de forma eficiente es el impuesto sucesorio. Se trata de un impuesto muy oneroso que, en ocasiones, puede implicar que los herederos deban desprenderse de activos a fin de poder pagarlo.

El impuesto sucesorio aplica, por ejemplo, sobre acciones de corporaciones norteamericanas; oro, arte y dinero en efectivo mantenido en suelo americano; dinero en cuentas de brokerage, etc. No aplica a bonos, acciones de sociedades extrajeras, etc.

Una de las modificaciones incluidas en la Reforma Impositiva de Trump se refiere justamente a este impuesto. Veremos más adelante que es lo que se modificó exactamente.

Principales modificaciones introducidas por la Reforma Tributaria

En el caso de extranjeros que califiquen como residentes fiscales americanos, evidentemente los mismos se verán afectados por la totalidad de las modificaciones incluidas por la Reforma Tributaria.

Esto quiere decir, por ejemplo, que se beneficiarán de la reducción de los impuestos a las personas físicas, del aumento del “mínimo no imponible” en materia de impuesto sucesorio, así como de la baja del impuesto corporativo.

En el caso de “extranjeros no residentes”, desafortunadamente los cambios no han sido significativos. Donde podría haber habido un beneficio, que fue en el aumento del mínimo sobre el cual se aplica el impuesto sucesorio, no lo hubo. Ello por cuanto las secciones del Código Fiscal modificadas han sido las 2001 y la 2010, que aplican solo a ciudadanos y a extranjeros residentes, pero no a no residentes. Las Secciones 2101-2108, que si se refieren a “extranjeros no residentes” no sufrieron enmienda alguna, y por ende el mínimo no imponible se mantuvo en la irrisoria suma de USD 60.000.

Esto implica que quienes decidan invertir en Estados Unidos y no califiquen como “residentes”, deben estructurar adecuadamente su inversión, generalmente a través de sociedades offshore o trusts. Caso contrario, solo USD 60.000 estarán exentos de impuesto a la herencia.

Para finalizar, un tema más que se relaciona con el impuesto sucesorio al que hacíamos referencia en el párrafo anterior.

La Reforma Tributaria no introdujo cambios a la regla de “step-up”, que permite que quien herede un bien solo pague impuesto a las ganancias por la diferencia entre el precio de venta y el precio de mercado correspondiente al día en que lo heredó. 

En otras palabras, este principio implica que los activos que se incluyen en el acervo sucesorio de una persona son “adquiridos” por sus sucesores a valor de mercado y que, a la hora de venderlos, el heredero de que se trate no pagará impuestos por la proporción de las ganancias que se hubieran generado durante la vida del causante.

No se trata de un tema menor cuando se heredan activos adquiridos mucho tiempo atrás y que han subido considerablemente de valor, como suele suceder en el caso de inmuebles o establecimientos comerciales.

 

Fuente: Fin.Guru